Cuando se estrecha el cerco

Flota en el aire una capa de humedad
que frena la llegada de un brillo
que viaja desde la montaña hasta mi frente
y desde mi frente a la montaña,

es asombroso escuchar el limpio idioma de la naturaleza,
qué fácil recordar así lo inolvidable,

se marcharon definitivamente las máquinas,
dejaron cicatrices en el monte, latas de comida
oxidadas, trozos de periódicos manchados de grasa, una paz
de muerte amenazada,

recuerdo el sonido de los ejes, el trajín de uniformes
y el sonido y las luces de camiones vacíos
antes del amanecer,

ahora los cuervos vuelven a mi puerta, se posan en los cables de la luz,
le roban la comida a los gatos, son más rápidos y bajan desde arriba,
por eso los asustan,

entre el barro de las calles vacías se respira humo de carbón
o keroseno, el presente se juzga minuto a minuto entre silencios
y miradas de cristal, nadie bebe el agua sucia de sus grifos
y se hincha la madera de las puertas, impera un silencio que ensordece,
el destino es una brújula perdida,

llega un día y uno percibe cómo se estrecha el cerco, las hierbas parecen encogerse, un desconocido idioma va conquistando las aceras y el viento deja de besar a la noche,

uno quiere respirar más hondo, llegar más lejos con el pensamiento,

es buen sitio el prado verde,
para ajustar las cuentas
y brindarle una amplia sonrisa al cielo,
a todo lo que se esconde tras el velo natural
con el que la vida nos adorna cada día la existencia,

parecía buen sitio este mundo
hasta que desaparecieron de las calles
aquellos balones de fútbol
y las niñas dejaron de saltar la cuerda,
era buen sitio el banco de piedra
donde la abuela montaba su oficina llena de hilos,
de agujas , temblores y saber.