Más allá de la noche

Aprendí a distinguir la luz
y a saber que nunca es la misma,
supe que las ventanas se abren a ella
una vez absorbido todo los oscuro que esconden
los cuerpos,

supe que la tiniebla
aparece para prolongar tu sombra,

árbol y naúfrago en agua equivocada,

supe hace mucho que hay una luz que disipa
y otra que sólo ilumina penas,

la noche saca a bailar y alardea
lo que durante el día mata,

conocí las luz de las mañanas,
la que mostraba lo que querían ocultar aquellas caras
y aquellos cuerpos en movimiento
perseguidos por el inamovible fantasma de sus sueños,

la rutina es la mayor deuda que arrastramos, el interés
que nunca podríamos pagar
lo pagamos al instante, en cada instante que se va, ahora,

debo agradecer muchas cosas
a todas las luces que me cegaron,
a todas las uñas que murieron antes de llegar a mi rostro,
a la doble cara que aparece después de una mentira,
a quienes en silencio me amaron y ahora callan, a los mismos
que yo he amado también sin palabras y ahora olvido,

aprendí en todas aquellas madrugadas
que abrirse su propio camino es importante
para descubrir las sendas
que sin llevar a ninguna parte
te inician al placer de caminar.