Perdidos

Esperamos la llegada de un sonido, una voz que inunde de luz
la habitación acristalada,

fuera
la hierba había cedido al amarillo del frío
y los pétalos del alba anunciaban un millón de aventuras,

nos mirábamos como siempre lo hacíamos, la cabeza sobre el hombro
izquierdo y las manos apretadas a la altura de la cintura,

luego vagamos junto a las ardillas por el jardín,
yo seguía buscando palabras sin miedo a sufrir una derrota,
sin miedo a perder la fe,

tú me seguías despistada, tus pies acariciando la hierba, suave,

me gusta tenerte en silencio porque no preciso de palabras
para entenderte,

nunca me atreveré a juzgarte, una mala palabra y siento un vendaval frío como un cuchillo
que acaba conmigo,

el salón sigue desde anoche invadido
por vasos medio llenos y hojas de papel arrugadas,
el aire cargado de vida gastada, algo así debe ser el abismo que tanto anhelamos en los versos nocturnos
y que tanto miedo nos produce al despertar,

tu rostro bañado de silencio es una ventana abierta al prado donde crecen
todos mis sueños,

el viento hace tambalearse todo afuera, parece que las hojas de la higuera
se han rendido,

despejaremos los pasillos de ropa arrugada,
nos lavaremos la cara, no existe ningún rastro de crisis en los espejos,

hemos blindado la calma que nos mece, luego el día se irá agitando también aquí dentro, y entonces quizás aparezcan como pellizcos milagrosos,
girando como un cometa entre los sueños, como versos arrojados a un acantilado,

como promesas de amor en un mundo que ya no será nuestro.

Opciones

Los días, a veces actúan como picaduras de insecto,
son horas que nos llevan sin timón
por un mundo que se desdobla y muestra su cara más amarga,
en este mundo
las personas adquieren el carácter de mercancía
y su existencia
es un efímero plan de negocio.

Un hombre sin papeles
camina por calles iluminadas y vacías
de cualquier ciudad,
no recuerda tener que tomar otras decisiones:
continuar bebiendo
y aplacar así el ánimo que aún le incita a luchar
para lograr un gramo de legalidad
o seguir soñando con un amor
como última brecha,
como decisivo impulso hacia la vida
o hacia el abismo.

Un hombre legal camina por las calles vacías
de todas las ciudades del mundo,
en su maleta transporta los sueños robados
a muchas personas,
siempre temió al amor
y a la verdad,
en sus ojos se asoman sus opciones:
seguir fingiendo los orgasmos del dinero
y volar así por encima de los demás
o dejarse arrastrar
por todas aquellas ideas de su infancia perdida.

El mundo sigue rodando
y los días se suceden como mosquitos retadores,
todas las horas giran sobre un ángulo de amenazas,
en una cama blanca
las manos del hombre enfermo
siguen temblando y no temen nada,
nunca supo ver su final
y quisiera seguir viviendo,
pero no le queda otra opción
mas que navegar entre la piedad de los amores soñados
y borrar así para siempre este presente.