Un hombre, una existencia

Dentro de este cuerpo
hay un hombre, una existencia
que gira
buscando una postura más cómoda,
su sitio,
un hombre, una persona a la que nadie llama
por su nombre,
en sus ojos no se refleja nunca lo que ve,
su piel retiene toda la sangre que viaja
en unas venas intactas,
unos huesos blancos como la nieve
y el sol,
su idioma sólo él lo entiende
nada sabe de banderas
ni barreras
ni fronteras
ni de honor,
un hombre
que aprendió hace mucho
el nulo valor de las cicatrices,
la cruel realidad del amor
y que desde siempre sospechó de aquellos
que brindan su vida entera a la penitencia
sin averiguar la veracidad de sus pecados.

Recesión

Quieren nuestro esfuerzo,
que comprendamos
que todo ha salido mal,
mientras
la brasa dorada avanza con su hambre de sangre
y aroma de miedo,
decidieron
que será mejor que acatemos su robo,
van a desollar el cuerpo de seguridad, arruinarán
a quien siempre se refugió en la ruina,
mientras
el lobo de dientes rojos avanza bocado a bocado
y las horas se alumbran con un diluvio de muerte
y la luz de sus ojos,
van a asaltar el tesoro del pobre,
privarán de su plato al hambriento,
abandonarán al enfermo,
mientras
el rezo que va a salvarnos
trepa por las piedras de su castillo,
la plegaria cubre el sol
y los versos que crecen de la noche
siguen sin encontrar su eco.

Hemos entrado en recesión
y ahora
el sol ya no sale igual para todos
y la lluvia
no encuentra mata que alimentar.

Al sur

Me hablas de los pueblos del sol,
de la grandeza de la piel morena,
de las mentiras que se esconden
tras los árboles
cuando el pájaro deja de cantar.

Con tu voz de terciopelo
la verdad se incrusta en la sien
y deja despoblada la inocencia,
ya no son los mismos ojos
los que ven la playa olvidada
y esquivan uno tras otro
los amaneceres baldíos.

No son los mismos oídos
los que perciben los ruidos que rompen la paz.

Abrazaré todas las piedras en silencio,
las que esconden mis recuerdos,
jamás volveré sobre mis pasos.

Seguiré aunque sea en sueños
la pista que dejaron los aromas
de lo que nunca volverá.

Horizontes

Me gustaría
no tener que perder más sombras
ni perseguir
el eco de esas voces
que viven en mis espaldas,
cuando miro al frente sentado en la costa
sé que ese sol que dora las olas
es el que vive en mis sueños,
el que mece con su calor mi vida,
ese color fuego esconde la llave
de mil ciudades lejanas, melodías
de otros tiempos
y danzas que me iluminan.

Pero no olvido,
que fundidas entre todo ese brillo
hay sombras que gritan,
dedos que arañan la tierra
y ojos cerrados que se libran al sol,
por eso
cuando bajo a la playa y me desnudo
me transporto a otros cuerpos,
a otros mundos
y soy
la luz que incide en la ilusión
de otros seres
al otro lado
del hondo y profundo sufrir que nos une.

Resistencia

No nos han engañado
más que un hombre engaña a otro hombre,
pero si creen
que levantando más el muro
dejaremos de mirar el sol,
se equivocan.
Somos el subsuelo,
el sustrato necesario
para sostener su edificio,
nacimos lejos de la luz
de la claridad y de ese falso comfort
que quita el sueño,
pero si creen
que no sabemos contar estrellas
y que no conocemos uno por uno el nombre
de la mayoría de sombras,
se equivocan.
No hay leyes
ni garantías firmadas
no hay pulso que aguante
ante el papel blanco
las mentiras.
No hay final
ni triunfo dorado para el que gana
esta inútil batalla.
Somos otros
algo lejano
que surje de la oscuridad
somos como el rayo
que se clava como un sonido ahogado
en las sienes
y lleva hacia el sueño eterno.

No somos lo que elegimos,
sí somos,
para vosotros
un infinito punto final.

Lejos, hasta el fin

Aquí,
abrazado a este olivo
aseguro la paz de mi tiempo,
la amistad de mi sombra
y el beso azul de las nubes.

Para que el cielo
repleto de humo
no borre de un golpe mi mirada
necesito
todo lo positivo de una tarde fría
y la ilusión de una ventana vieja
abierta al sol.

Amigo, nos llevan de la mano
ignorando las sombras
por un camino de espinas
a un final sin rosas,
no desesperaremos
en nuestra piel no hay palabra que no pueda
gritarse,
no hay silencio escondido en los poros
ni verdad en nuestros ojos
que no los delate,
amigo,
este camino es lo que nos queda
y adonde nos lleve iremos,
como un amor que espera
eternamente
hasta verter toda su miel en un cuerpo,
nuestra razón seguirá escarbando idiomas
hasta hacer entender que nada vale más
que una mirada de paz en la guerra,
que no existe metal alguno que pague el valor
de un abrazo
si es de verdad,
que nada quema como el olvido,
ese arroyo de tiempo
que nos engulle y dirige
hacia esa nube fría
y solitaria
que dibuja la única sombra que nunca se ve.

Somos pobres

Las manos conservan el rancio aroma
de los últimos billetes,
tus labios pintados con el eterno vino rojo
son una estrella borracha
viajando en mi memoria como un polizón,
al fin somos pobres,
y nada de lo que ocurra ahí afuera
nos interesa.

Tu cuerpo se enreda en unas sábanas
manchadas de deseo,
ahora estoy seguro
de que nada perderemos,
el fuego que nos persigue
lo apagará el mismo enemigo
con sus sombras,
al fin somos pobres
y el esfuerzo realizado para alcanzar tan vasta cima
no nos permite aceptar como premio
unas cuantas botellas
o las mismas promesas de siempre,
vacías.