Abandono

Un día abandonas
la sensación de soga al cuello,
los restos mohosos de tantos sueños
devorados, la corbata impronunciable,

abrigado sólo por la luna
bordeas la cuneta de la vida
y sientes en la nuca el roce de la paz del alma,

una vez el abandono comienza su conquista
existe el riesgo
de querer succionar todo demasiado rápido,

aligeras el equipaje y deambulas por aceras sucias,
mercados callejeros, las suelas de los
zapatos empapadas de fruta podrida y tripas de pescado
rojas,

siempre el sol en la nuca
y los dientes pegados con una nostalgia
peor que el pan blanco,

la libertad es un vapor
que ofrece su alcohol entre dolores de cabeza
y estómagos vacíos,

el abandono tiene por bandera una camisa sucia
y arrugada al viento de un mundo pasajero,
unos ojos que miran sin pedir nada,
una frente cansada, un silencio tan amplio
que te persigue cuando paras,

el abandono es un perro que ladra sólo para ti,
la sombra que te huye, los pies que duelen antes de andar
mientras la vida se diluye al fondo de los parques,

ahora,
cuando todos tus bienes son casi todos males, buscas el calor
entre cartones, nadie conoce el orden en ese rincón oscuro del puerto
donde seres en vela celebran su eterno verano,

mañana es un arco iris en blanco y negro
que despide migas de una hogaza caliente y pura,
las migajas que aún concede la vida
a quienes abandonaron su miedo
a tiempo.

Esa agua

El hombre navega disuelto en el agua
que el río
lleva al mar,
durante su recorrido
la vida le envía
muchas piedras, en todo el trayecto
muchos pozos
y el fuego del sol,
sólo cuando el caudal
llega al mar
el hombre consigue su fin,
su cometido:
añadir su nada a una nada mayor
que puede ser eterna
y desaparecer.

Lo último

No consigue el silencio
cubrir de paz el jardín,
agazapadas entre las nubes y el calor
las estrellas niegan su luz,
parece que hay algo más detrás de esta noche,
quizá otra noche
más calma
más oscura
otro silencio detrás de éste
que aún no llega a completarse,
quizá
otro mundo tras este cielo mudo,
otro aire que mis pulmones
jamás alcanzarán,
otra vida demasiado fugaz para este cuerpo
que sólo busca el frescor de esta inmensa sombra
para encontrar una razón
o un insalvable obstáculo que le obligue
a perdonar.

¿Habrá más allá del amor
otro tacto para estas manos,
otras espinas para este destino,
otra piel para esta condena?

El sol del poeta

Los días se escurren por las manos como un alimento extraño
por el paladar de un hambriento, se vive aguardando la llegada
de algún acontecimiento, un cambio,
esperamos, sin sabernos dormidos
que algo nos despierte, nos ilumine,
algo que no está en ninguna página
ni en ninguna canción, creemos
en el brillo de una mirada, en alguna
sombra pasajera, sin embargo somos incapaces
de retener la alegría, se inunda el jardín lleno de flores
antes de que aparezca la lluvia, deseamos sin
identificar nuestro anhelo, y por ello
todo pasa y seguimos atendiendo, subidos al
carro del tiempo, pretendiendo que no seguimos
su curso, que él no pasa por nosotros,
nosotros, que perdimos tanto en el camino, que
no supimos nunca descifrar más de un idioma,
porque nuestra verdadera lengua siempre fue
la que usamos en los sueños, en esas aventuras que luego
tratamos de entender y transformamos en luces, estrellas, vientos,
brisas, abrazos o besos,
por eso la palabra es la herramienta que mejor
rastrea el futuro, la que ayuda con sus destellos
a iluminar los escondrijos donde se cobija
lo que nos preocupa, lo que no conocemos y sin embargo
late dentro, muy dentro de nosotros sin saberlo,
por eso el poeta sabe que algo va a acontecer y viaja
subido en el río de la palabra, en el aura
que emite una mirada, en el silencio que cabalga
cada noche en el interior de su pecho, en un más allá
que aparece en el sonido de una radio, en el aroma que escapa
de un balcón, en la fuerza protectora
que fluye por sus venas y en el sol que nunca lo abandona.

Así es la vida

Es como si la realidad persiguiera al sueño para detenerlo,
igual que un río estático que sólo fluyera al mirarlo,
es el hueco que persigue a toda estatua, la guerra que hay después de un abrazo, las lagrimas que adornan una sonrisa.

Es esta vida el hambre que sigue al estómago lleno,
el veneno que persigue a la alegría,
es un silencio de cuya calma nace la dicha
que luego se escapa entre las grietas de verdades y mentiras, es el verso que le falta al poeta para levantar las rodillas
del blanco papel.

Es esta vida la oscuridad que provoca la luz si la miras,
el túnel abierto en una montaña que nunca perdona.
Es esta vida el deseo de ser de una forma que nunca seremos.

Soy yo
que no me imagino más que sediento
al final de un camino que inventaron mis sueños.

De traiciones

Acabo de llegar a mi tierra
pero aún sigo muy lejos, y debo cerrar los ojos
para domar mi corazón.

Ahora
ya no es tiempo de intentar comprender
viejos papeles amarillos,
ya no queda nada
ni de aquellos traidores ni de mí.

A cada esquina que cruzo
mi mente le dedica una sombra,
no sé de ninguna guerra
que estallará a raíz de un perdón.

Ahora
ya no es tiempo de jugar sin conocer el premio,
no sé de ningún amor
que a la fuerza creciera en el alma.

Quizás ahora ya no sea tiempo de detenerse
y buscar con la mirada
obras que nunca admiraré.

Cruzo calles y rostros y ecos de otras vidas,
leyendas olvidadas que aparecen como aromas,
sé que ahora llega el tiempo del perdón,
porque no hay sangre
que instalada en el olvido
soporte tantos años de rutina.

Sé que aquí nunca estuvo mi lugar,
porque ¿quién no ha huido nunca de promesas obligadas,
o advirtió demasiado pronto
en la sonrisa la traición?

Noches y olvido

I

Cae la noche
sobre los rostros que el sol
había tatuado en tus ojos,
baña la tierra
el manto frío que habita el cielo,
goza la hierba
y el matorral que todo lo admite,
el silencio también acaba cubierto de oscuridad,
las piedras ocultan
su color
el hombre acerca sus manos al fuego
y aprende a aceptar
su suerte.

II

Los minutos son bocados
de tiempo
sobre tu cuello blanco
y brilla tu rostro mientras
tu alegría se refugia
en un rincón desolado
a la espera del sol, de la música de un barco,
de la sal que el mar
le regala al viento,
la muerte no existe en este mundo
salado,
la luz de tus manos
gana la eternidad y la sombra de tu cuerpo
es ya un extraño
que habita en ti
cuando acaba el día,
el brillo de tus ojos
atraviesa el espejo al que se rinde tu rostro,
así todas las noches de lluvia, cada domingo
encharcado de ausencias,
la harina que el tiempo
vierte en tu cuerpo
acaba entre los dientes de todos los seres
que ocupan para siempre
tu imaginación.

III

Toda la sal que habita en tu piel
son residuos de madrugadas rotas y amores
perdidos.

IV

La noche es una mujer
desconocida en el tiempo,
con su oscuridad nos anuncia el fin,
el minúsculo adiós, el ocaso que a todos
nos espera,
será una noche, una solitaria sin la mirada azul
de la luna, nos abrazará en silencio,
lentamente hasta presentarnos
al último frío.

V

Sé que ya han comenzado a enfriarse
las paredes
de mi nuevo destino, allí
comenzaré a desvestir
lo que hasta hoy me empeñé
en ocultar,
todos los vicios que hacían mal
ya no son nada,
todo el temor al dolor
y a vivir en soledad
es ya una broma,
ahora
el frío final está cada día más cerca,
ese abrazo fraternal que tanto añoré
ya no puede con esta furia, con la
templanza y seguridad que da
el saberse perdido
al perder el miedo a abrazar
de cuerpo entero
el olvido.