Abandono

Un día abandonas
la sensación de soga al cuello,
los restos mohosos de tantos sueños
devorados, la corbata impronunciable,

abrigado sólo por la luna
bordeas la cuneta de la vida
y sientes en la nuca el roce de la paz del alma,

una vez el abandono comienza su conquista
existe el riesgo
de querer succionar todo demasiado rápido,

aligeras el equipaje y deambulas por aceras sucias,
mercados callejeros, las suelas de los
zapatos empapadas de fruta podrida y tripas de pescado
rojas,

siempre el sol en la nuca
y los dientes pegados con una nostalgia
peor que el pan blanco,

la libertad es un vapor
que ofrece su alcohol entre dolores de cabeza
y estómagos vacíos,

el abandono tiene por bandera una camisa sucia
y arrugada al viento de un mundo pasajero,
unos ojos que miran sin pedir nada,
una frente cansada, un silencio tan amplio
que te persigue cuando paras,

el abandono es un perro que ladra sólo para ti,
la sombra que te huye, los pies que duelen antes de andar
mientras la vida se diluye al fondo de los parques,

ahora,
cuando todos tus bienes son casi todos males, buscas el calor
entre cartones, nadie conoce el orden en ese rincón oscuro del puerto
donde seres en vela celebran su eterno verano,

mañana es un arco iris en blanco y negro
que despide migas de una hogaza caliente y pura,
las migajas que aún concede la vida
a quienes abandonaron su miedo
a tiempo.

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2 pensamientos en “Abandono

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