Incertezas

Una palabra, un café, la imagen de tu rostro

asomado a la ventana, la soledad del salón,

de la cocina, del dormitorio, el rio que pasa

arrastrando hierba, el barro de todo

lo que ocurre, de todo lo que transcurrirá

mientras alguien lo nombre,

 

hay que atreverse

a ponerle nombre a todos los momentos

que vivimos en silencio, cuando la mente se tambalea

de un lado para el otro

buscando un equilibrio

imposible,

 

entonces

los ojos se niegan a ver, la boca busca

su postura, vana sobriedad que nos brinda

el tiempo, incierta

como la noche que acecha tras los tejados,

como todo lo que hemos ganado y que apenas

nos sirve

para seguir en pié,

 

acariciamos ideas, pensamientos que escapaban

de los escombros cotidianos, vivimos tormentas

que no cerraban las heridas del sol en la tierra,

que no calmaban la sed

ni abrían nuevas sendas, tormentas

que nos rasgaban la garganta con la rabia

del desesperado, inciertos sonidos

que llovian mentiras para acorralarnos

entre el frío y el miedo,

 

nos asustamos

cuando leímos hasta el final aquellos libros prohibidos,

nosotros

que apenas supimos del calibre de los dientes

con los que mordía el verdugo,

 

ahora nos da miedo

el frío en verano y los males que cruzan los mares

para enfermarnos,

 

anhelamos

los caminos que jamás recorrimos,

la esperanza que otorga la salud,

lo cierto bajo la capa de lo incierto,

la vida que nunca pudo levantar la cabeza

ni el musgo verde que cierra nuestras puertas,

 

todo es incierto

como el futuro hecho presente, como

el espítiru que te atrapa cada mañana

o el amor que no puede escapar a la razón,

 

incierto

como el cielo que nos espera o la labor

de la tierra

después del fuego.

 

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Alma

Puedo trazar con lápiz y papel

las coordenadas del infierno,

borrar mis errores y

ocultar mi llanto,

puedo manejar

las ideas que nunca alcanzo, mis

estupideces,

pero sé

que ha de ocurrir algo, seran

cuatro notas

que se escapen de la orquesta,

cuatro golpes encima de todas las mesas,

cuatro gritos rugiendo

detrás de las montañas,

yo esperaré

que algo alivie mi pena

hasta que mi alma se cubra de tierra

o salga volando.

Que canten los pájaros

Necesito un poco de sol

y que canten los pájaros,

que sobre el silencio de una noche

lluviosa

suene una emisora extranjera,

una sombra pequeña

donde pueda mecerse la mente,

un lugar escondido

donde poder admirar las nubes

y frenar aquellos recuerdos

que sólo hieren,

lo que vieron mis ojos, el filo de las alambradas,

el pitido en la oreja después del golpe,

el cuadro del asesino

al que todos veneraban,

¡que canten los pájaros!

 

No había canción

que espantara aquellas sombras,

las botas brillantes alumbraban el miedo,

el camisón demasiado corto de la vecina

la primera prueba

de sangre en mis venas,

la corneta rebelde del sereno borracho,

fueron las estrellas

agujeros en el pecho

de todos los que tras beber

cantaron,

los libros de aventuras

moldeaban la calle, el ritmo de los acontecimientos

y el ansia de escapar

de no se sabe donde

para ir a no se sabe donde,

buscar el como

sin importar el por qué,

el daño que la madre silenciaba,

las lágrimas que mojaban el jersey,

el silencio una vez más

y para siempre.

 

Noria

 

La ciudad dormita

inerte, distante,fría,

si me fijo en las nubes

comprendo la muerte del sueño

incapaz de descifrar las figuras

que amasa sobre nosotros el cielo,

en el aire que atraviesa mi pecho

siento la memoria

de aquellos túneles que no vieron la luz,

de las torres de humo que ensucian los ríos,

si me fijo en la gente

veo rostros diferentes

que caminan sin verse, cuerpos que se apresuran

hacia una misma luz

que los iguale,

en el mercado semanal, en los parques

y edificios sin dueño

surge una voz que nadie escucha,

es el lamento de una vida escondida

que lame la piel del mundo,

es el quebranto simultaneo de la luna y el sol,

mis piernas

me sujetan

y me quieren llevar

hacia las dunas de una playa escondida,

al final de una novela de amor

en la que nunca triunfe el poder,

si conociera de cerca más idiomas

mis sueños serían quizás

diferentes,

siento que toda mi vida

ha ido viajando en un vagón

de noria,

bien agarrado por temor a caer y siempre

tentado de soltarme

y aprender a volar.

 

La próxima estación

 

Han prohibido los colores,

se ha esfumado el arma, la única que puede usar esa mano

quebrada por el trabajo,

la alegría se desangra

al igual que pierde la bonanza la piel

con los días y el sol,

han pisado el orgullo de los árboles

y asesinado con luz tóxica su sombra,

han vuelto a pintar con ceniza el viento que barre las calles,

y todo esto ocurre

al no saber detener este oscuro vendaval,

esta ilusión de carencia,

este idioma que agoniza en la garganta

sin explicar nada.

 

Reina el humo en las ventanas huérfanas

de amor,

en los párpados del día cuando se abre

y en la boca del cielo al anochecer,

un pasado aún peor

puja por reconducir este caos,

todos los corazones que aún conservan su rojo

se esconden en el monte

alentados por la humedad de la tierra

y la ilusión

de encontrar los restos de un cielo

que se pierde.

 

Los centinelas yacen dormidos

bajo un diluvio de pájaros sin alas,

tortugas sin nombre conocido

se encargan de izar la bandera de la nueva nación,

sólo el hambre se rebela

aunque su  ira sin precio

se ahoga despacio

en un mar de arena.

 

Ahora el día y la noche

hablan la misma lengua

y recitan a punta de pistola credos

en los que nadie cree,

un poeta amante de licores

recita en el parque su eterno poema,

hemos trasladado el mismo problema

de un lado a otro,

es el único balance transparente,

el último recurso dicen

para que podamos seguir la travesía.

 

Somos habitantes del pueblo

que nos vio nacer,

sordos y extranjeros

no conocemos el nombre de quienes nos rodean,

aspiramos el polvo que nos queda

fingiendo no sentir pena

ni ilusión.

 

Caminamos sumisos a una voz que apenas suena

hasta llegar

puede que ya sin vida

a la próxima estación.

Verdades y mentiras

Las cosas no son tan malas como parecen

quiero creer, es verdad que oscurece antes

en las casas más pobres, es verdad que muchos

pobres no tienen casa y mueren ahogados

mientras la procuran o mientras la sueñan, es verdad

que nadie me empujó al camino que tomé, o quizás es

mi destino algo común, no sé,

el remedio está antes de la enfermedad,

el amor viaja en el aire

y una chica joven una tarde estornuda por primera vez,

no fue por falta de explicaciones, pero aprendí

a equivocarme en los cruces

y por eso seguí adelante, y fue quizás por esa determinación

que ahora estoy aquí, yo camino desde el día

que aprendí a confiar en mis piernas, siempre traté de entender

las palabras que me llegaban, la música, la poesía,

ahora comienzo a interesarme seriamente

por el cambio climático y la meteorología,

a veces creo que mi esfuerzo es desproporcionado,

que debería imitar a los aviones, a los aeroplanos

que vuelan atravesando el cielo

sin importarle la forma de las nubes, no, no se puede

ni debe intentar tenerlo todo bajo control,

otras veces me veo

como una muñeca rota

esparcida en la moqueta, una nota impensable

entra el dedo y la cuerda,

un metéoro buscándole las vueltas

a su propio

universo.

Sólo queda caminar

 

 

No es la ausencia

ni esta luz apagada, robada,

lo que me ciega,

no,

es un rumor, el de un quejido

que agoniza en vano

entre las casas pintadas de blanco

y los ojos

de los niños que ya no juegan,

no es este camino de espinas clavadas

lo que me duele, no,

es el estómago vacío de todas las mujeres

que me miran sin verme,

de los hombres que fuman en balcones

escondiendo su alma,

es mi destino quien saluda a mi sombra

bajo el tedio de unos días

que escapan de mi memoria

como el calor de una estufa de gas

vencido por el frío de una ventana rota,

no es el recuerdo de ningún pasado mejor

el que aviva mi sufrimiento,

es una música

que viene y va con el viento

la que me mece

y me cubre con su lamento de hambre

y sed,

no es el amor ausente

el responsable del eterno frío

que vive en mis huesos

no,

es la intemperie de un mundo a la deriva

que muerde mi espalda cada mañana

y me recuerda que sólo queda caminar.