Abandono

Un día abandonas
la sensación de soga al cuello,
los restos mohosos de tantos sueños
devorados, la corbata impronunciable,

abrigado sólo por la luna
bordeas la cuneta de la vida
y sientes en la nuca el roce de la paz del alma,

una vez el abandono comienza su conquista
existe el riesgo
de querer succionar todo demasiado rápido,

aligeras el equipaje y deambulas por aceras sucias,
mercados callejeros, las suelas de los
zapatos empapadas de fruta podrida y tripas de pescado
rojas,

siempre el sol en la nuca
y los dientes pegados con una nostalgia
peor que el pan blanco,

la libertad es un vapor
que ofrece su alcohol entre dolores de cabeza
y estómagos vacíos,

el abandono tiene por bandera una camisa sucia
y arrugada al viento de un mundo pasajero,
unos ojos que miran sin pedir nada,
una frente cansada, un silencio tan amplio
que te persigue cuando paras,

el abandono es un perro que ladra sólo para ti,
la sombra que te huye, los pies que duelen antes de andar
mientras la vida se diluye al fondo de los parques,

ahora,
cuando todos tus bienes son casi todos males, buscas el calor
entre cartones, nadie conoce el orden en ese rincón oscuro del puerto
donde seres en vela celebran su eterno verano,

mañana es un arco iris en blanco y negro
que despide migas de una hogaza caliente y pura,
las migajas que aún concede la vida
a quienes abandonaron su miedo
a tiempo.

Perdidos

Esperamos la llegada de un sonido, una voz que inunde de luz
la habitación acristalada,

fuera
la hierba había cedido al amarillo del frío
y los pétalos del alba anunciaban un millón de aventuras,

nos mirábamos como siempre lo hacíamos, la cabeza sobre el hombro
izquierdo y las manos apretadas a la altura de la cintura,

luego vagamos junto a las ardillas por el jardín,
yo seguía buscando palabras sin miedo a sufrir una derrota,
sin miedo a perder la fe,

tú me seguías despistada, tus pies acariciando la hierba, suave,

me gusta tenerte en silencio porque no preciso de palabras
para entenderte,

nunca me atreveré a juzgarte, una mala palabra y siento un vendaval frío como un cuchillo
que acaba conmigo,

el salón sigue desde anoche invadido
por vasos medio llenos y hojas de papel arrugadas,
el aire cargado de vida gastada, algo así debe ser el abismo que tanto anhelamos en los versos nocturnos
y que tanto miedo nos produce al despertar,

tu rostro bañado de silencio es una ventana abierta al prado donde crecen
todos mis sueños,

el viento hace tambalearse todo afuera, parece que las hojas de la higuera
se han rendido,

despejaremos los pasillos de ropa arrugada,
nos lavaremos la cara, no existe ningún rastro de crisis en los espejos,

hemos blindado la calma que nos mece, luego el día se irá agitando también aquí dentro, y entonces quizás aparezcan como pellizcos milagrosos,
girando como un cometa entre los sueños, como versos arrojados a un acantilado,

como promesas de amor en un mundo que ya no será nuestro.

Esa agua

El hombre navega disuelto en el agua
que el río
lleva al mar,
durante su recorrido
la vida le envía
muchas piedras, en todo el trayecto
muchos pozos
y el fuego del sol,
sólo cuando el caudal
llega al mar
el hombre consigue su fin,
su cometido:
añadir su nada a una nada mayor
que puede ser eterna
y desaparecer.

Lo último

No consigue el silencio
cubrir de paz el jardín,
agazapadas entre las nubes y el calor
las estrellas niegan su luz,
parece que hay algo más detrás de esta noche,
quizá otra noche
más calma
más oscura
otro silencio detrás de éste
que aún no llega a completarse,
quizá
otro mundo tras este cielo mudo,
otro aire que mis pulmones
jamás alcanzarán,
otra vida demasiado fugaz para este cuerpo
que sólo busca el frescor de esta inmensa sombra
para encontrar una razón
o un insalvable obstáculo que le obligue
a perdonar.

¿Habrá más allá del amor
otro tacto para estas manos,
otras espinas para este destino,
otra piel para esta condena?

Frío

Despejar la vida de absurdos problemas
advertir la molestia y encontrar la solución,
no vivir arrastrando pecados, culpas ni errores,
limpiar las paredes de malos versos
y olvidar aquellos amores que sólo dejaron dolor.

Ligeros y limpios con el trabajo bien hecho,
libres para enfrentar más despiertos
el verdadero muro insalvable
incluso en sueños,
el verdadero conflicto, esa ventana eternamente abierta
y el frío que amenaza con pararlo todo, que hiela la mirada,
que penetra en la piel y ya no calma
ningún calor,
esa noticia inesperada que te cambia la vida,
el mordisco invisible que nos da el tiempo
mientra intentamos descifrar mil melodías
meciéndonos sin querer en los brazos del miedo.

Más allá de la noche

Aprendí a distinguir la luz
y a saber que nunca es la misma,
supe que las ventanas se abren a ella
una vez absorbido todo los oscuro que esconden
los cuerpos,

supe que la tiniebla
aparece para prolongar tu sombra,

árbol y naúfrago en agua equivocada,

supe hace mucho que hay una luz que disipa
y otra que sólo ilumina penas,

la noche saca a bailar y alardea
lo que durante el día mata,

conocí las luz de las mañanas,
la que mostraba lo que querían ocultar aquellas caras
y aquellos cuerpos en movimiento
perseguidos por el inamovible fantasma de sus sueños,

la rutina es la mayor deuda que arrastramos, el interés
que nunca podríamos pagar
lo pagamos al instante, en cada instante que se va, ahora,

debo agradecer muchas cosas
a todas las luces que me cegaron,
a todas las uñas que murieron antes de llegar a mi rostro,
a la doble cara que aparece después de una mentira,
a quienes en silencio me amaron y ahora callan, a los mismos
que yo he amado también sin palabras y ahora olvido,

aprendí en todas aquellas madrugadas
que abrirse su propio camino es importante
para descubrir las sendas
que sin llevar a ninguna parte
te inician al placer de caminar.

Cuando se estrecha el cerco

Flota en el aire una capa de humedad
que frena la llegada de un brillo
que viaja desde la montaña hasta mi frente
y desde mi frente a la montaña,

es asombroso escuchar el limpio idioma de la naturaleza,
qué fácil recordar así lo inolvidable,

se marcharon definitivamente las máquinas,
dejaron cicatrices en el monte, latas de comida
oxidadas, trozos de periódicos manchados de grasa, una paz
de muerte amenazada,

recuerdo el sonido de los ejes, el trajín de uniformes
y el sonido y las luces de camiones vacíos
antes del amanecer,

ahora los cuervos vuelven a mi puerta, se posan en los cables de la luz,
le roban la comida a los gatos, son más rápidos y bajan desde arriba,
por eso los asustan,

entre el barro de las calles vacías se respira humo de carbón
o keroseno, el presente se juzga minuto a minuto entre silencios
y miradas de cristal, nadie bebe el agua sucia de sus grifos
y se hincha la madera de las puertas, impera un silencio que ensordece,
el destino es una brújula perdida,

llega un día y uno percibe cómo se estrecha el cerco, las hierbas parecen encogerse, un desconocido idioma va conquistando las aceras y el viento deja de besar a la noche,

uno quiere respirar más hondo, llegar más lejos con el pensamiento,

es buen sitio el prado verde,
para ajustar las cuentas
y brindarle una amplia sonrisa al cielo,
a todo lo que se esconde tras el velo natural
con el que la vida nos adorna cada día la existencia,

parecía buen sitio este mundo
hasta que desaparecieron de las calles
aquellos balones de fútbol
y las niñas dejaron de saltar la cuerda,
era buen sitio el banco de piedra
donde la abuela montaba su oficina llena de hilos,
de agujas , temblores y saber.