La vida continúa

Hay delitos sin culpable

y reos libres de delitos,

unos pocos

llegan al amor a través del odio

y muchos

al odio después del amor,

hay caminos que se cruzan

entre océanos y mares,

distancias que separan

y amores

en el más allá,

hay cosas

de las que nunca hablamos

y hablamos mucho

de lo que poco importa,

echamos de menos

lo que antes desechamos,

hay destinos que uno elige

y uno sólo para todos.

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Diario de sombra


Un viento frío lame la puerta,

en esta aldea

el tiempo devora

las piedras

y los recuerdos mueren

entre el barro seco

y bocas sin dientes,

penetro en la oscura estancia

con la ayuda de una vela,

busco palabras o armas

para defenderme, para ocultarme

de toda una existencia

que me persigue como un viejo

prestamista,

hay quienes venden sin saberlo

su sonrísa,

quienes olvidaron que para vivir

se deben apartar demonios

y olvidar deseos

que se compran,

bailaré con mi sombra,

esa silueta mortecina

que salta como un gato entre todo

lo que aún me queda

por abandonar,

al tiempo nada le pido

pues nada tengo

que ofrecer a este viento

caníbal

que atraviesa los resquicios

de esta vieja puerta,

frontera entre el amargo mundo

que ellos crean

y mi preciada soledad,

en esta casa

fría y oscura

cuyas paredes callan

y condensan su verdad

hay gritos de dolor

en los retratos

y trazas de ansiedad

entre las grietas,

arde la madera

mientras aprendo a prescindir

de una memoria traicionera

que me muestra mi vida deformada

por palabras y silencios,

por gestos y mentiras,

por todo lo que no entendí

y quizás fuera verdad.

Vivir en paz

Que mi pecho respire limpio

y claros se mantengan

mis ojos, que no se desvíen

hacia ideas que me hagan daño

mis pensamientos,

gozo

de la calma que me ofrece la paz

aunque a cambio

le conceda a veces el humor

y otras veces, no siempre, carácter,

la vida puede llegar a ser larga,

caminarla advirtiendo su esplendor

y sentir su verdadero aroma

es lo que deseo,

o morir intentando

serle fiel al viento,

cariñoso con las plantas,

comprensible con los pájaros, afable

con las bestias y sencillo con los hombres,

lo peor que le puede ocurrir a uno

en la mayoría de los casos

es caerse para siempre,

tropezar una vez y vivir cayéndose,

creo que mejor sería

romperse en pedazos la coronilla

que dar bandazos y molestar

el resto de la vida,

necesito o eso creo

dormir rendido,

estar de las cosas que hago

satisfecho

y sobre todo

contento

con las que siento.

 

 

 

Cuestión de Matices

Me miro la palma de las manos,

leo los versos que escribo y pienso

en la vida, en el tiempo gastado

haciendo esto y lo contrario, en todo lo

que no hice con mucho gusto,

con gente y solitario, con amor

o equivocado, pienso en todo esto

y concluyo

que todo es cuestión de matices,

marché de los lugares

antes de que mis raíces crecieran,

caminé siempre sabiendo que no sabía

adonde iba, soñé siempre muy consciente

y así me fui demostrando

que todo iba a ser cuestión de matices,

perdí el arraigo pero aquí estoy

haciendo las mismas cosas

que casi todos hacen, riendo y llorando

por los mismos motivos, creyendo que

cada vez menos cosas merecen

la pena, dejando en reposo la audacia,

siguiendo siempre hacia adelante,

despreciando como desprecié malos

jefes, malos amigos, malas novias,

sabiendo de sobra

que todo lo que hacía

y todo lo que ocurría

era cuestión de matices,

recorrí mucho paisaje

porque quise comprenderlo,

pero llegué a la conclusión

que para entender al mundo

debería haber comenzado

por entender mi pueblo.

 

Despertar en París

Fue llegar a la ciudad casi dormido

con la sonrísa aún iluminada

de un jovencísimo polizón sin destino

y despertar, escapar

de aquel interminable sueño,

sentir

de repente un aire diferente

entrando en mi pecho, una fuerza

inusual al cerrar los puños

y las piernas dispuestas

a llevarme al fin del mundo,

en París se me reveló

la infancia rota de un niño

con capacidad para adivinar

la maldad en las personas,

desde entonces

mi vida ha sido como una noria

de circo,

bien agarrado al vagón para no caer

pero siempre tentado de soltarme

para poder volar.