Campo de Batalla

Miras al campo

y callas, caminamos

como dos seres extraños

que no reconocieran su tierra,

nos duelen las palabras, te miro

y admiro tu silencio, no hay nada

que hacer

para salvar algo que no existe,

para qué regar la piedra, para qué

frenar el mar,

tú y yo sabemos que todo este paisaje

no es el nuestro, hasta este aire

ahogado entre nubes

de grasa

y brasas encendidas

que no osamos respirar,

el mismo aire no es el mismo,

la sal

llega hasta el pie de la montaña, nuestra

piel se ha blanqueado

y los únicos recuerdos que no huyeron

duermen en tus ojos

y los mios,

y los ojos que te miran

y los ojos que me miran

ya no son los mismos,

y el silencio que nos ampara

y tu mano apretada a la mia

y los pulmones que se hinchan

y la misma pregunta que retumba

en nuestras cabezas

y la duda que surgió

al vernos juntos

paseando y esquivando restos

de una batalla sin final,

de una guerra silenciosa que no es

nuestra, la guerra no es nuestra

fue lo último que dijiste.

Mi padre en su hamaca

En mi memoria

perviven muchas imágenes

de aquellos días de verano,

todo comenzaba después de comer

cuando en el mediterráneo

el sol aún quema las calles vacías, solitarias,

cubierto el aire por un polvo gris

que ni la tarde ni la noche consiguen borrar,

 

porque me lo han dicho

que ya no sale a pasear, ni siquiera cuando el sol

inicia su tregua,

pero yo sé muy bien

que ya no quedan sendas de hierba

ni caminos entre naranjos

y que es muy triste pasear pisando asfalto

entre pistas de tenis, piscinas y chalets,

 

así,

cuando comienza la tarde, recuerdo

a mi padre tumbado en su vieja hamaca

dormitando con un libro en la barriga, con la escasa

brisa que algunos días corre por el pasillo

aliviando su cuerpo,

una mano en la frente y una rodilla ligeramente

levantada,

 

siempre me asombró

cómo toda aquella soledad que a mí aún me daña,

al llegar a él

sólo era viento,

 

esa soledad que ha sido tan habitual como un gesto,

un hermano invisible

que hasta hoy en día

acompaña a su sombra,

soledad que viajará conmigo

hasta que la vida

y otro silencio

más grande

a los dos nos absorba.

Cántico

Al cielo claro, a las azules

nubes

ahora yo les canto, a las mañanas

de verdes hierbas

lamidas por el sol, a las manos

tendidas y a los ojos cerrados, a

cualquier sonrisa le canto hoy yo,

a los ojos en blanco

después del sueño, a los pasos

perdidos, a los pasos en falso,

a quienes pobres nacieron

y nunca robaron, a la música que vuela

y me hace volar, al silencio contenido

en las tardes de domingo, a la taza blanca

e impoluta que se llena de café, a la buena

fe aunque duela, a la salud

que nos permite

seguir dudando, al rayo de luna

en el mar clavado,

le canto hoy a las cosas, a los cuerpos, a

los momentos del día y la noche,

a todo lo que adorma la existencia

de un hombre

como yo.

Un rayo de sol entre la basura

¿Qué vena,

el cuerpo de qué mundo

albergará el caudal de nuestra sangre

en el futuro?

¿Es este sucio callejón

el mismo

en el que se selló nuestro amor?

Hoy el sol anuncia frío,

hoy,

el mismo día que unas leyes

muy confusas

nos obligan a parar.
l

Este viento en la piel

nos recuerda aquellos días

inciertos

cuando todas aquellas mentiras

nos daban por muertos.

Navegué tanto tiempo

sin rumbo,

que ahora ya no lo quiero encontrar,

escuché tantos idiomas

y me alejé tanto de toda verdad,

que llegado al fondo de mis errores

sólo preciso un rayo de sol

entre la basura

para elegir y acertar.

 

Ápices

Volver a tu ciudad,

rememorar esquinas, parques,

grises callejuelas

y no encontrar ninguna

nostalgia

nueva.

 

Hoy en día

recordar

es transformar

en barro

y hierba

el alquitrán.

 

Ver al hombre

mayor

las manos en los

bolsillos

vacíos

pasear sin rumbo

su cuerpo

encogido

la mirada

perdida

entre coloridos

anuncios

y múltiples

ofertas

que no entiende

y sentir una tristeza

nueva.

 

La ventana abierta

es la única

vía directa

hacia la viva

realidad.

 

Miedo de ir

a ese lugar

donde se funden

los hombres

en la única

eternidad.

 

Altivo jinete

educado en

viejos usos

para dominar

hasta que

llega el amor

y lo descabalga.

 

Aunque no lo crea

el solitario

la vida

sigue

igual.

 

Sueños imposibles

caricias invisibles

que estremecían

el alma

todo por imaginar

la vida

debajo

de una falda.

 

La calle es

una arteria repleta

de corazones

solitarios,

el miedo es

un gusano

que a nada

teme.

Camino, recuerdo

Acepto que se me acuse

de haber huido al oir las campanas,

de nada haber tomado

completamente en serio,

de pedirle permiso al corazón

antes de revelar

compromiso,

nada tengo nada debo,

camino sin rumbo

y me detengo, medito, sigo, me confundo

y vuelvo al lugar

de partida,

comienzo y recomienzo otra vez,

no busco solución

ni conozco el problema,

 

¿será el camino

la escusa para quien como yo

se sabe sin destino?

 

Camino, recuerdo

y aprendo a olvidar.